Qué correlación existe realmente entre la extensión de la jornada laboral y la productividad? Son factores dependientes? Qué otras variables debiéramos estar contemplando, para hablar de satisfacción laboral y productividad?

La manera en que utilizamos nuestro tiempo tiene importantes implicancias en nuestro diario vivir y nuestro bienestar. Cuando la organización y los trabajadores concuerdan con esto, es cuando el gobierno empieza a considerar reducir la jornada laboral con el objetivo de motivar e incrementar la productividad y al mismo tiempo mejorar la calidad de vida del trabajador. Pero ¿están correlacionados realmente estos dos factores?, ¿es la reducción de la jornada laboral una variable relevante en la productividad?

Mucho se ha hablado sobre el proyecto de ley recientemente presentada a la cámara de diputados, que busca una reducción de la jornada laboral de 45 horas a 40 horas. Existen diversas posturas respecto a las implicancias que en la vida laboral supone dicha disminución, de las cuales hemos decidido analizar en detalle, para poder proveer argumentos y datos reales que sirvan para participar de la discusión.

Según un estudio realizado el año 2016 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Chile es el quinto país con mayor cantidad de horas trabajadas al año por trabajador, con 1988 horas anuales, solo somos superados por países como Grecia, Corea del Sur, Costa Rica, y México. En relación a los países pertenecientes a la OCDE, estamos 222 horas/año por sobre el promedio, y trabajamos 617 horas/año por trabajador más que Alemania (Fig. 1).

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Fig. 1 Tabla de horas trabajadas al año por países

La literatura asociada ha demostrado datos contradictorios en donde la reducción de la jornada laboral no necesariamente implica un aumento de productividad, ni un aumento de calidad de vida en los trabajadores.

Tal es el caso de Corea del Sur, donde se realizó una investigación sobre la jornada laboral que fue reducida de 44 a 40 horas. Y a pesar de que existe una diferencia significativa en tanto a la satisfacción del horario por parte de los empleados, no fue el caso de la productividad o en su felicidad en general.

Existen distintas formas en que se pueden interpretar los datos. Puede significar que la cantidad de horas trabajadas no está correlacionada con el bienestar personal (tal como lo afirma la literatura tradicional), o que la reducción de la jornada laboral signifique una intensificación del trabajo, la cual anula los efectos positivos de la reducción de horas laborales. Ya que esto conlleva un aumento en niveles de estrés, fatiga, afecta la calidad del trabajo y por último aumenta el riesgo del burnout.

En el caso de Chile la realidad no cambia mucho, según el estudio realizado por la Dirección del Trabajo, en el año 2005. Chile desde el 1999 hasta el 2003 (Figura del encabezado), logró disminuir la jornada de 2.256 a 2.195 horas de trabajo anuales, pero a diferencia de la mayoría de los países y regiones, la productividad disminuyó levemente (0,22 US$ por hora). Por lo que Chile muestra un comportamiento atípico en cuanto a este tipo de parámetros.

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Fig. 2 Variación porcentual en productividad 1999-2003 según variación porcentual en el promedio de horas de trabajo

Pero, ¿Por qué Chile se diferencia tanto en relación de los otros países? según Ignacio Briones, Decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, señala que Chile, según el Programa de Evaluación Internacional de Competencias de Adultos, o PIAAC, está muy por debajo al resto de los países de la OCDE. Briones señala que según dicho instrumento “un trabajador chileno con educación superior, tiene competencias en un nivel similar a las de un trabajador con educación secundaria promedio de la OCDE, o similares a un trabajador de Nueva Zelanda solo con educación primaria”. Dicho instrumento evaluaría las competencias de comprensión lectora, comprensión numérica y digital. Este factor tiene ciertamente un efecto en la productividad.

Lo importante no sería solamente disminuir o aumentar la jornada laboral, sino cambiar la perspectiva de lo que implica tener un horario, buscando adaptar el modelo para poder atender a las necesidades de los colaboradores y de los requerimientos de los negocios, sin generar rigidez. Tal es el caso de Debbie Carreau, fundadora de Inspired HR, donde se implementó un modelo flexible donde sus colaboradores trabajan entre 9:00 horas y 15:00 horas, pero que después de eso deben estar pendientes para atender llamadas de emergencia en caso de necesitarlo. “Las personas no son productivas en una semana de 37 horas, (...) más no significa mejor” señala Carreau. En relación a este modelo flexible, Briones (2016), señala que la flexibilidad laboral “permitiría utilizar de manera más eficiente los recursos, disponibles. los mercados laborales más flexibles, más eficientes tienden a ser más productivos, y por tanto trabajar menos horas”.

A modo de conclusión, la jornada laboral no es el único indicador relevante en la productividad de los colaboradores, sino que existen diversos factores que influyen en la productividad de los mismos, por mencionar algunos factores correlacionados, la satisfacción y la motivación de los colaboradores resultan claves en el aumento de la misma.

En lo que respecta a Chile, considerar la reducción de la jornada laboral con el fin de mejorar la productividad y la calidad de vida, pareciera ser una mirada reduccionista del fenómeno. Pareciera ser primario abordar el tema de la capacitación, a través de compromisos de largo plazo entre las organizaciones público y privadas, con el fin de mejorar las competencias que según lo mencionado anteriormente estamos muy por debajo de otros países.

Una buena alternativa para poder generar un cambio en la productividad asociada a la jornada laboral sería la flexibilidad horaria, que permite que la jornada laboral se adapte a las necesidades de los trabajadores y del negocio, mejorando las estadísticas relacionadas a la productividad, y a la vez generando un cambio en la satisfacción y motivación de los colaboradores, apostando, por tanto su calidad de vida.

En base a algunos datos preliminares que hcmfront ha empezado a recopilar, más algunos estudios de referencia (1), podemos identificar que la productividad tiene una causalidad multifactorial, en la que inciden factores internos, como el ambiente laboral, el tipo de trabajo en sí mismo, el tipo de liderazgo, la tecnología disponible para la ejecución de tareas, el capital, la jornada laboral, la capacitación de los empleados, entre otros; y factores externos, como las condiciones económicas, el mercado, regulaciones, etc.

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Fig. 3 Reducción de elevadas horas y satisfacción

Respecto a la extensión de la jornada laboral, podemos observar en base a los estudios que habría un comportamiento tipo “Campana de Gauss”, donde la baja productividad aparecería con muy pocas horas de trabajo, así como con muchas horas; y tendría un peak –la productividad- en un rango relativamente estable de horas de trabajo entre 35 y 45 horas. Llama la atención que la disminución brusca de la jornada laboral empezaría a generar un impacto negativo en la productividad y en la calidad de vida del trabajador, de la misma manera que lo genera un aumento importante de horas.

(1) (“Work Shorter, Be Happier? Longitudinal Evidence from the Korean five-Day working policy” (Rudolf, 2014), “Employment Outlook 2016” (OCDE, 2016) y “Beneficios de reducir la jornada e inequidades por resolver” (Dirección Del Trabajo, 2005)

Matías Velasco Guzmán
Psicólogo
Gerente Comercial HCMFront